El Euro en problemas

(Artículo que me publicó la Revista Agenda, edición de marzo de 2010)

La Unión Monetaria europea, que entró en efecto en forma palpable con circulación de sus billetes y monedas en 2002, se encuentra en serios aprietos y, según algunos analistas, podría entrar en crisis y terminar disolviéndose en tan corto plazo como uno o dos años.

La crisis financiera mundial ha causado estragos en todo el mundo, pero definitivamente a unos los ha golpeado más que a otros. Ya Islandia en 2008-2009 tuvo un virtual colapso de su sistema financiero privado. El año pasado 2009 vimos cómo Dubai, que por años asombró al mundo con su acelerado crecimiento inmobiliario y sus imponentes proyectos de construcción dignos de portada de revista, evitó (o quizás sólo pospuso) su colapso gracias a la billonaria ayuda de sus vecinos de Abu Dhabi.

Pero la crisis en el mundo no ha terminado, y las cosas comienzan a complicarse. Los gobiernos están recibiendo menos ingresos por impuestos, debido al bajón en actividad económica. Algunos de los países con serios problemas financieros son miembros de la Unión Europea.

Grecia

El caso particular de Grecia es quizás el más inminente. Al momento de escribir este artículo (fines de enero), se comenta del fuerte rumor sobre un acercamiento que tuvieron las autoridades del Ministerio de Finanzas de Grecia, con el Banco Central de China, para persuadir a éstos de comprar unos EUR 25 billones en títulos de deuda soberana de Grecia. El rumor ha sido desmentido tanto por el Ministerio de Finanzas de Grecia, como por su contraparte de China. Sin embargo, dada la situación crítica de las finanzas griegas, es más que probable que el acercamiento se haya dado.

La deuda pública de Grecia es de 113% de su Producto Interno Bruto (PIB), y según estimaciones del propio gobierno griego, durante 2010 la deuda alcanzará el 120% del PIB. Con un déficit fiscal que el año 2009 rondó el 15%, y con proyección a aumentar sustancialmente este año, la situación de las finanzas públicas griegas se pone cada vez peor. Según estimaciones del propio gobierno, se requerirá colocar unos EUR 53 billones en 2010 para poder hacer frente a las obligaciones corrientes del Estado griego.

Barbas en remojo

España, Portugal e Italia se encuentran en situaciones similares, aunque aún no tan inminentes, a la de Grecia. El caso de España, por ejemplo, no es tan grave en cuanto a su razón Deuda/PIB, pero sí es grave en su déficit fiscal, que también ha aumentado con la contracción económica. El Profesor Noriel Roubini, famoso por su predicción acertada de la crisis financiera desatada en 2008, opina que mientras que el colapso de las finanzas públicas de Grecia sería un problema para la Unión Monetaria, el colapso de España sería una catástrofe, ya que España es la cuarta economía más grande del bloque monetario europeo.

Si estos países no fuesen parte de la Unión Monetaria, probablemente atenderían la crisis devaluando su moneda. Esto permitiría a corto plazo hacer frente a su servicio de deuda, mejoraría la balanza de pagos, y aliviaría el déficit fiscal. Claro que esto sería a costa de aumentar la presión inflacionaria y resultaría en un desincentivo a la inversión, lo que a la larga empeoraría las cosas. Pero ya sabemos que los políticos tienen un horizonte de cinco años (o cuatro, según sea el período electoral en el país respectivo).

Pero al integrarse a la Unión Monetaria, los países miembros han cedido la facilidad de hacer ese tipo de maniobras para resolver una crisis interna, y se han comprometido a ciertos estándares de manejo financiero que les restringe su capacidad de maniobra con políticas monetarias y fiscales.

Por qué los gobiernos no se ajustan

A diferencia de una empresa privada, donde la gerencia reacciona recortando gastos cuando el flujo de efectivo se deteriora, en el gobierno la reacción casi nunca es similar. Los gobiernos se caracterizan precisamente por la ineficiencia, la burocracia y el clientelismo. El gasto público tiende a inflarse durante los años de auge económico, pero cuando llegan las vacas flacas el ajuste casi nunca llega como debería, y en vez de ajustarse el cinturón, los gobernantes buscan ordeñar más a la vaca (aunque ya ésta no dé más leche). Las medidas de reducción del gasto son impopulares, la reducción de planilla es algo que los políticos nunca consideran en serio (al menos cuando están en el poder), y la reducción de programas de gasto que resultan en derroche es lo último que quiere hacer un político, porque dichos programas una vez instaurados generan dependientes que toman lo que reciben como un derecho y no como una mera expectativa. Quitarles de buenas a primeras eso que perciben como derecho, genera descontento. Muchos gobiernos han caído al aplicar medidas de ajuste fiscal y por ello los políticos en el poder casi nunca recurren a esto, sino sólo cuando no queda otra opción.

¿Rescate paneuropeo?

A medida que se agrava la situación de las finanzas públicas griegas, algunos especulan que los demás países miembros, no sólo de la Unión Monetaria sino también los países de la Unión Europea que no son parte del Euro, saldrán al rescate de Grecia para evitar que ésta tenga que abandonar el Euro. Pero según encuestas recientes, una amplia mayoría de los alemanes (70%) está en contra de que su gobierno salga al rescate financiero de otros gobiernos europeos, y altas autoridades del gobierno alemán han señalado que no habrá rescate. Si resulta así, los griegos tendrán que salirse de la Unión Monetaria y ello marcará la primera fractura en el edificio Euro. Y luego seguirían los demás países en situación precaria.

Por otro lado, si los demás países de la Unión Europea, liderados por Alemania, salen al rescate financiero, pondrían en peligro sus propias finanzas nacionales. Inglaterra, por ejemplo, ha visto también mermadas sus recaudaciones e incrementado su desempleo. Alemania, aunque no tan grave ni mucho menos, también ha visto su desempleo crecer considerablemente con la crisis.

Mucha tela que cortar

La presente crisis europea pinta ser la primera gran prueba a que será sometida la joven Unión Monetaria del Euro. Los alemanes dicen que no participarán de rescate alguno, y si los alemanes no participan, casi que olvidarnos de cualquier rescate. Pero los anuncios de que no habrá rescate se escuchan mucho en situaciones similares, y no siempre se cumplen. Los políticos europeos han comprometido bastante en la Unión Monetaria. Lo cierto es que la Unión Monetaria jamás respondió a necesidades de integración económica, sino de unificación política. El afán de lograr un estado paneuropeo que reemplace a los estados nacionales es lo que siempre estuvo detrás del Euro. Los europeístas pelearán por mantener intacta la Unión Monetaria, temiendo con razón que un resquebrajamiento podría desencadenar el colapso total del edificio. Definitivo que vivimos tiempos interesantes.

El cuento del salario mínimo

(Artículo publicado en Revista Agenda, febrero de 2010)

El salario mínimo es una de esos temas en que la percepción inicial puede resultar engañosa. Para sus defensores, la imposición de un Salario Mínimo Legal es un acto de justicia social que favorece a los trabajadores. La realidad, sin embargo, es que el salario mínimo perjudica a los mismos trabajadores a los que se busca favorecer con la medida.

Mala teoría económica

Los defensores del salario mínimo parten de la Teoría del Valor-Trabajo, que considera el trabajo humano como la fuente de todo valor. Es decir, un zapato vale X cantidad de dólares, en consideración a la cantidad de trabajo humano (horas-hombre) que fue necesario para producir el zapato.

La Teoría del Valor-Trabajo ha sido refutada desde hace mucho tiempo. Usted cuando compra zapatos, no le pregunta al vendedor cuántas horas-hombre se requirieron para fabricarlo. A usted ni a nadie le interesa eso a la hora de comprar zapatos. Usted se fija en la calidad, el material, su estética y comodidad, y todo eso lo evalúa tomando en cuenta el precio. Usted se decide por el par de zapatos que le brinde, a opinión suya propia, la mejor relación utilidad-precio. Por ejemplo, si existen dos pares de zapatos iguales en todo excepto en precio, el par A teniendo un precio de cien dólares, y el otro con precio de sesenta dólares, usted probablemente comprará el de sesenta (o de repente se compra el de $100 porque es de una marca más reconocida que le brindará ‘status’). Pero lo cierto es que a usted, a la hora de elegir, no le interesa la cantidad de horas-hombre insumidas en el par de zapatos.

La Teoría del Valor-Trabajo ha sido reemplazada hace mucho tiempo por la Teoría de la Utilidad Marginal, que explica que usted comprará el par de zapatos que usted considere le rinden la mayor utilidad por ese precio, relativo a los otros pares de zapatos disponibles, y en atención a la cantidad de dinero que usted considere que puede dedicar a ese par de zapatos.

El salario mínimo crea desempleo

Siguiendo con el ejemplo del par de zapatos, ¿qué pasaría si el gobierno decide poner un ‘precio mínimo legal’ para los zapatos? Si el precio mínimo es fijado, pongamos por caso, en $100, entonces todo aquel que venda zapatos por debajo de ese precio, tendrá que aumentarles el precio a $100. Todas aquellas zapaterías que competían en el mercado vendiendo zapatos baratos de $50 y $60, por ejemplo, resultarán muy perjudicados. La razón es simple: si usted tiene que pagar $100 de todas maneras por el par de zapatos, elegirá el de mayor calidad. Aquél que antes competía porque vendía zapatos de menor calidad pero a precios accesibles, ahora quedará fuera de mercado.

¿Qué tienen que ver los zapatos con el empleo remunerado? Tiene todo que ver, porque así como los zapatos en el mercado no son homogéneos, tampoco lo es el trabajo de los seres humanos. Hay personas más productivas que otras. Así como el que vende zapatos de menor calidad puede competir si ofrece a precios relativamente bajos, pues del mismo modo el trabajador con pocas o ningunas calificaciones laborales, o con poca experiencia, puede competir precisamente porque cobra menos que los trabajadores mejor calificados. Del mismo modo que poner un precio mínimo legal saca de mercado a los que hubieran vendido por debajo de ese mínimo, el salario mínimo legal hace lo mismo con el trabajo asalariado de los menos calificados y menos productivos. El resultado es que el salario mínimo legal genera desempleo neto.

Perjudica más a los más jóvenes

Es común que el primer empleo formal de toda persona sea uno con salario bajo. Cuando uno entra al mercado laboral a los 18 años carece de experiencia y de calificaciones. Pero entrar a trabajar en una empresa, así sea de forma gratuita, le permite a esa persona aprender en el empleo y adquirir conocimientos que de otro modo no obtendría. Una vez dentro, ya dependerá de la propia persona si progresa o si se estanca, pero lo crucial es entrar. El salario mínimo legal, al eliminar o reducir el único aspecto en que el joven sin calificaciones laborales puede competir con otros más experimentados, se convierte en una barrera para que las personas con menor educación y calificaciones, puedan entrar al mundo laboral formal. Se ven así condenados al desempleo, o a permanecer en el mercado informal. ¿Qué clase de justicia social es ésa?

El joven recién egresado del colegio, carente de experiencia, ve entonces severamente limitadas sus posibilidades de acceder a un empleo en el sector formal. Es por eso que tantos jóvenes buscan entonces ser contratados en el sector gubernamental, allí donde las competencias laborales son lo que menos importa, siempre que el político quiera congraciarse con el joven por motivos netamente políticos.

Perjudica al emprendedor humilde

Una de las razones por las que el empresario humilde se mantiene en el sector informal y no avanza hacia la formalidad, lo constituye precisamente el salario mínimo. Me explico: si usted es una persona humilde y decide iniciar un puesto de venta de hamburguesas, el salario mínimo es irrelevante, hasta ese punto. Si usted gana en su propio negocio, menos del salario mínimo, ello no importa porque usted es su propio jefe y no hay relación laboral. Allí el salario mínimo no aplica y no le constituye aún una barrera. Pero digamos que sus hamburguesas son todo un éxito y poco tiempo después de iniciar su operación, la demanda es tal que usted necesita contratar un ayudante. Bueno, ¡mejor que no se le ocurra a usted contratar a alguien que no sea de su extrema confianza, como un familiar o un amigo muy cercano! Porque si lo hace, se va a encontrar con una ingrata sorpresa: usted tiene que pagarle salario mínimo. Sí, ese mismo negocio que no da para que usted pueda pagar salario mínimo ni a usted mismo que es el propietario, ahora tendría que pagar salario mínimo al ayudante.

Y recuerde que el costo para el empleador nunca es equivalente al salario, sino mayor, pues por encima del salario mensual están las prestaciones (una fórmula bastante aproximada es sumar 40% al salario, para determinar el costo real directo para el empleador).

Conclusión

El salario mínimo legal es desde todo punto de vista económico, una medida que produce resultados negativos para la generación de riqueza, la competitividad de las empresas (especialmente la micro y pequeña empresa, y las del sector informal), y para las perspectivas de empleo de las personas con pocas competencias laborales y sin experiencia. A pesar de esto, los gobiernos siguen aumentando el salario mínimo porque es una medida populista. La mayoría de los votantes no entiende de Economía 101, y se creen el cuento de que el salario mínimo beneficia a los trabajadores. Pero en realidad, a los únicos que beneficia es a los que sacan tajada del poder que les da el discurso de la lucha de clases: los políticos y los líderes sindicales. Al resto de nosotros nos perjudica.

Nuestro miedo a competir

(Artículo publicado en Revista Agenda, diciembre de 2009)

En Panamá existe una serie de barreras artificiales creadas por leyes, que hacen extremadamente difícil el trabajo de extranjeros altamente calificados en empresas en el país. Esto, en lugar de favorecer a los trabajadores panameños como es la intención, resulta en una disminuida competitividad de las empresas panameñas en un mundo globalizado.

Equivocado concepto económico

Es una política laboral basada en una concepción equivocada que ve las fuentes de trabajo como un pastel de tamaño fijo, y que mientras menos personas haya para compartir el pastel, mayores serán las porciones que corresponderán a cada uno. En un mundo globalizado, es la especialización en las ventajas comparativas lo que hace más competitivas a las empresas y a los actores económicos.

Pero esto requiere, a su vez, poder emplear la tecnología, personal y recursos más aptos y necesitados en cada una de las etapas en la cadena de valor. Así como una empresa no puede ser competitiva si los oficinistas carecen de computadoras o del software más apropiado, y en su lugar deben trabajar con archivos manuales, máquinas de escribir de las antiguas, tarjetas físicas para los archivos, etc., pues del mismo modo la empresa no puede ser competitiva en el mundo globalizado si no puede contratar a los más capacitados en las respectivas áreas. Esto, necesariamente, requiere poder contratar extranjeros, pues como los Yankees de Nueva York han entendido (así como todos los equipos de béisbol de las Grandes Ligas), los mejores algunas veces son extranjeros.

Pero, ¿y qué con la protección al trabajo del panameño?

El argumento más comúnmente esgrimido en defensa del proteccionismo profesional es que si se permite que usted contrate, por ejemplo, a un arquitecto extranjero, hay un arquitecto panameño que está dejando de percibir dinero por consecuencia de vuestra elección. Pero esto es falso. Es una manifestación de la falacia de ver sólo aquello que se perdió, y dejar de ver aquello que dejó de percibirse para evitar esa pérdida. Es similar a quien, evaluando una posible inversión en maquinaria, sólo piensa en lo que cuesta la máquina, sin tomar en cuenta el aumento de productividad que la máquina puede traer. Dado que nada es gratis, si todos los empresarios pensaran de ese modo, jamás nadie invertiría en mejorar la tecnología de producción, pues evidentemente siempre hay un costo asociado.

Hemos tenido ya en Panamá experiencias en que se permitió ampliamente la contratación de extranjeros en una actividad económica específica. El mejor ejemplo lo constituye una actividad que, cuando se abrió la puerta para que se contratara a extranjeros, muchos sonaron la voz de alarma, igual que la suenan hoy, en sentido de que los extranjeros desplazarían a los panameños y los pocos de éstos que quedasen contratados lo serían en condiciones peores que las anteriores a la apertura. Esa actividad económica es la banca.

Y ocurrió todo lo contrario a lo presagiado. Nació el centro bancario internacional, ya que todos los bancos extranjeros que vinieron se hubiesen abstenido de hacerlo si se les hubiese forzado a contratar sólo panameños. En ese entonces, los bancos internacionales que se establecieron lo hicieron en gran parte con personal extranjero, pero también contrataron a muchos panameños. Hoy día, sin embargo, más del 90% del personal que trabaja en los bancos internacionales que tienen presencia en Panamá, son panameños, y para nadie es un secreto que éste es el sector económico donde están los mejores salarios, en promedio, de todo el país.

Lo mismo puede ocurrir con muchas otras actividades económicas. Si se permite que cualquier empresa, nacional o extranjera, contrate libremente a quien considera el indicado, independientemente de su nacionalidad, comenzarán a venir más empresas que hasta ahora se han abstenido de hacerlo por razón de esta absurda restricción.

No queremos lo mejor

El trabajo de profesionales extranjeros en Panamá es altamente restringido. En primer lugar, un enorme número de actividades profesionales requiere ser nacional panameño para su ejercicio, como lo son la Abogacía y la Medicina. El absurdo llega al punto que, si algún laureado con el Premio Nobel de Física quisiese venir a Panamá a residir y dedicarse a ser profesor en la Universidad de Panamá, no podría hacerlo. Y es que para ser profesor en dicho centro de estudios, hay que ser nacional panameño. Esto es un tiro en el propio pie, pues en tanto los norteamericanos construyeron la bomba atómica con científicos europeos que huían de las tiranías nazi, fascista y comunista, aquí pretendemos que no hay nada en el mundo que algún extranjero conozca mejor que un panameño. Renunciamos así a beneficiarnos directamente de los mejores cerebros del mundo en sus respectivas disciplinas.

Nótese que uso mucho a los Estados Unidos de América para comparación. La razón es sencilla: ese país ha conquistado el mundo económico, científico y militar, precisamente porque no tiene políticas basadas en el chovinismo profesional. Buscan atraer a los mejores de todas partes, y por eso han triunfado sobre el resto del mundo. En tanto que Hitler expulsaba a todo el que no fuera de su soñada raza pura, los americanos recibían con brazos abiertos a los mejores cerebros europeos que huían de la persecución racista nazi. Sobre cuál de estas dos políticas es más efectiva a largo plazo, basta ver cuál de estos países resultó vencedor.

Código de Trabajo

Aparte de las prohibiciones para ejercer ciertas profesiones a quienes no sean nacionales panameños, las actividades no prohibidas en principio, en la práctica están severamente restringidas por el Código de Trabajo y otras leyes. El Código de Trabajo permite que una empresa contrate a personal especializado extranjero. No obstante, establece una larga lista de requisitos para poder hacerlo, y los trámites burocráticos para lograr el permiso de trabajo respectivo terminan rematando el asunto.

La restricción básica consiste en que en una empresa, los trabajadores extranjeros no pueden constituir más del 10% de su planilla, tanto en conteo de cabezas (cantidad de personas), como en salarios. Esto último es lo más absurdo de la restricción, pues es evidente que el interés de traer extranjeros se concentra en posiciones que requieren altas calificaciones y competencias laborales, lo que a su vez implica que son posiciones con altos salarios. El exigir que los salarios de los trabajadores extranjeros no sobrepase el 10% del total de salarios en la empresa, hace que en la práctica el porcentaje de trabajadores extranjeros que legalmente pueden trabajar en la empresa sea notablemente menor.

Conclusión

Panamá pretende ser un país de primer mundo en materia de comercio y de servicios. En muchos aspectos, lo es. Pero no podrá serlo de manera íntegra hasta que eliminemos las restricciones laborales que impiden a las empresas establecidas en nuestro país desarrollar verdaderamente su potencial. El mundo globalizado requiere dejar los miedos a competir, y esto incluye el mercado laboral.

---------------
Versión en inglés publicada en:

¿Electricidad barata?

(Artículo publicado en Revista Agenda, noviembre de 2009)

En Panamá tenemos un par de años pagando una electricidad notablemente cara. El año pasado, 2008, estuvimos a punto de sufrir apagones programados, algo de lo que nos salvamos por la pronta llegada de la estación lluviosa. El alto precio de la electricidad está directamente asociado a la estrechez de la oferta energética y sólo solucionando ésta podremos resolver aquél.

Hidroeléctricas y termoeléctricas

En Panamá el 62% (aproximadamente) de la electricidad es generada por plantas hidroeléctricas. No obstante, no es este 62%, sino el 38% restante, lo que está haciendo que paguemos unos dieciséis centavos el Kilovatio-Hora ($0.16/Kwh). Las plantas térmicas no son necesariamente algo malo, muy al contrario, sin no fuera por ellas no podríamos satisfacer la demanda actual en el país. Pero la principal de las plantas térmicas del país, Bahía Las Minas, es una planta muy vieja, bastante obsoleta e ineficiente, que quema búnker para generar electricidad. Por su ineficiencia y por el combustible que usa, resulta en una electricidad muy cara. Bahía Las Minas, sin embargo, está en proceso de reconversión hacia el uso de carbón como combustible, lo que debe resultar en una notable reducción del costo de la electricidad que genera.

La reconversión de Bahía Las Minas ayudará a bajar el precio que los panameños pagamos por la electricidad, pero no será suficiente. Para tener electricidad aún más barata, deberemos esperar a que entren en operación un conjunto de plantas de generación hidroeléctrica que están actualmente en construcción en el país, la principal de las cuales es la hidroeléctrica de Changuinola.

Panamá tiene un alto potencial hídrico

Aparte de ser más barata, la hidroelectricidad nos da una ventaja sobre la térmoelectricidad, que para Panamá es importante, y es que nos hace menos dependientes de fuentes externas de generación. En Panamá no producimos carbón, petróleo ni gas natural, pero sí tenemos una gran precipitación pluvial y esto es algo que tenemos que aprovechar. El potencial hidroeléctrico de Panamá fue determinado en la década de 1970 por el antiguo Instituto de Recursos Hidráulicos y Electrificación (IRHE), y aún queda mucho potencial por explotar.

¿Por qué entonces la oferta hidroeléctrica se ha estancado desde que se llevó a cabo la liberación del sector eléctrico a fines de la década de 1990? Principalmente, por barreras burocráticas a la inversión y un proceso de revisión y licenciamiento ineficiente por parte del Estado. En los últimos tres o cuatro años se ha subsanado una parte importante de estos problemas y por ello se ha podido dar algunas inversiones importantes en el sector hidroeléctrico, que darán frutos en pocos años.

Políticas públicas

La inversión en hidroeléctricas es muy intensiva en capital, principalmente porque la mayor parte de la inversión se usa para constuir la represa y crear el embalse. Es natural entonces que el inversionista quiera seguridad jurídica y un mayor retorno a la inversión que otras formas de generación como las termoeléctricas. La única solución verdadera a largo plazo es facilitar la inversión en más generación energética, pues como ocurre en todo mercado, sólo con la ampliación de la oferta puede asegurarse reducción duradera de precios.

Hay que aprender del estado de California. Allí, hace pocos años sufrieron apagones prolongados por escasez de electricidad. Ello, en medio de uno de los estados más ricos de la Unión Americana. La razón fue la pesada regulación del mercado energético que desde hacía muchos años castigaba la inversión en nueva generación, entre otras formas, mediante la regulación de precios al mayoreo de la electricidad generada.

En América Latina, la tentación populista a torcer el brazo a las empresas de servicios públicos para que bajen los precios al público, es endémica. Panamá no escapa a esto, debido a que el último lustro hemos sufrido de una electricidad bastante cara. A largo plazo, las medidas populistas sólo empeoran el problema. Lejos de incentivar el aumento de la oferta energética mediante la inversión en generación, las medidas populistas como el establecimiento de precios tope, resultan precisamente en lo contrario de aquello que es necesario para aumentar la oferta, pues disuade al inversionista en lugar de atraerlo. A nadie le gusta, a fin de cuentas, invertir largas sumas de dinero en países donde no se respeta la seguridad jurídica.

Banca y riesgo sistémico

(Artículo publicado en Revista Agenda, octubre de 2009)

Ante la crisis financiera económica global que vivimos, el sistema bancario y financiero de Panamá ha evitado hasta ahora los colapsos bancarios, financieros y de gigantes del sector industrial o comercial, que han afectado a otros países. En toda nuestra historia como República soberana, hemos estado libres de corridas masivas y de sistémicas bancarias y financieras. Esta relativa solidez de nuestro sistema bancario se debe entre otras cosas a la ausencia en Panamá de Banco Central, de un prestamista de última instancia, y de un seguro de depósitos.

Riesgo sistémico y riesgo moral

Los economistas llaman riesgo sistémico a la posibilidad de que todo el mercado se contraiga o colapse a la vez. Este riesgo no puede ser mitigado mediante la diversificación de cartera, porque su propia esencia es la contingencia de que el mercado en general, y no sólo un sector específico de la economía, sufra una severa contracción.

El riesgo sistémico siempre existirá, pero puede agravarse por ciertas conductas humanas en la actividad financiera y empresarial en general. Esto puede ocurrir con lo que los economistas llaman riesgo moral.

El riesgo moral se da en toda situación en que una persona esté en posición material de aumentar sus beneficios, trasladando a otros los costos incurridos. Cuando se da una situación de éstas y las personas actúan de dicha manera, el resultado es una destrucción neta de riqueza. Un ejemplo simple es la disposición de deshechos tóxicos en un río, que genera a los demás un perjuicio muy mayor al beneficio que recibe quien así dispone irresponsablemente de los deshechos. Allí donde hay externalidad económica negativa, hay riesgo moral.

Prestamista de Última Instancia

Bien, aterricemos: ¿qué tiene esto que ver con las crisis bancarias? Existen esquemas de regulación bancaria diseñados con el fin de reducir riesgo moral, pero que en realidad resultan en un aumento de éste. Una de ellas lo es el establecimiento de lo que se conoce como el Prestamista de Última Instancia (‘Lender of Last Resort’), que consiste en una institución cuya función es supuestamente la de ofrecer liquidez a bancos en situación de iliquidez considerada como temporal.

El razonamiento detrás del establecimiento de un ente que cumpla dicho rol de Prestamista de Última Instancia, es que una situación de iliquidez de algunos bancos podría causar una huída o corrida sobre dichos bancos que, a su vez, podría provocar un pánico generalizado entre los depositantes, que los conduciría a retirar masivamente sus depósitos bancarios. Esto, en un sistema de banca de reserva fraccional (recuerde que el banquero no ‘guarda’ vuestro dinero, sino que lo presta a plazos para obtener un retorno), puede hacer que la situación de iliquidez se convierta en una insolvencia generalizada de los bancos, con un consecuente colapso de todo el sistema de crédito, crucial para una economía moderna. El papel de Prestamista de Última Instancia está concebido para evitar este escenario.

Sin embargo, en la vida real la existencia de un Prestamista de Última Instancia, contrario a su perseguido fin de reducir el riesgo sistémico, en realidad resulta en un aumento de éste. Para entender por qué, es menester visualizar cómo opera un sistema bancario en el que no hay Banco Central ni por tanto Prestamista de Última Instancia.

Banca Libre

Un sistema de banca libre o ‘free banking’ es uno en que no hay banca central, los bancos compiten entre sí y hasta pueden emitir sus propios billetes de banco que circulan en calidad de papel moneda, y no hay prestamista de última instancia. En dicho sistema, los bancos no tienen una red de seguridad. Si prestan demasiado y no mantienen adecuadas reservas de liquidez para hacer frente a las demandas efectivo de sus depositantes, pueden caer en el temido estado de iliquidez que los obligue a financiarse a tasas más altas para poder cumplir sus obligaciones. Esto, en el mejor de los casos, reduce notablemente las utilidades del banco, y en el peor, puede llevarlo a la insolvencia y a la quiebra.

El banquero privado en dicho sistema, entonces, tiene un fuerte incentivo a actuar con suma prudencia tanto en sus reservas líquidas, como en cuanto a los riesgos crediticios que asume en los préstamos que otorga. Si yerra y comienzar a tener que financiarse con otros bancos para poder cumplir sus obligaciones frente a sus depositantes, la mera noticia en el mercado puede crear desconfianza en los depositantes y éstos irán a retirar sus dineros depositados en dicho banco, creando una posible huída bancaria que lo llevaría a la insolvencia y consecuente quiebra.

La ilusión de seguridad conduce a la asunción de cada vez mayores riesgos

Pero cuando se instaura un Prestamista de Última Instancia, se traslada el riesgo a un ente público (el Banco Central). Se crea la falsa sensación de que los depósitos bancarios están más seguros porque el Gobierno no dejará jamás quebrar al Banco Central (quien asume así, en última instancia, los riesgos crediticios de todo el sistema). El banquero ahora no tiene tan fuerte incentivo a ser conservador en el otorgamiento de créditos, pues confía en que de llegar a surgir un problema de iliquidez, el Banco Central saldrá en su ayuda inmediata, para proteger al sistema bancario. El depositante, por razones similares (aunado a la existencia de un seguro de depósitos, también respaldado por el Estado, que le garantiza que en caso de quiebra del banco en que mantiene sus depósitos, éstos le serán reembolsados hasta un monto máximo predeterminado), ya no tiene tanto incentivo a monitorear la solidez del banco en que mantiene sus depósitos.

Tanto el banquero como el depositante han así trasladado el riesgo de iliquidez, insolvencia y quiebra por riesgos crediticios, a un tercero que es el Banco Central, es decir, al Estado. Pero el Estado en realidad no tiene bolsillos propios, no genera riqueza, sólo la que recauda de sus ciudadanos. Así, al trasladar el riesgo crediticio de todos los bancos en el sistema al Estado, estamos creando la ilusión de reducción de riesgo, cuando en realidad lo hemos aumentado por razón del ahora aumentado riesgo moral, antes aludido. Como dijo Herbert Spencer, el resultado de blindar a las personas de los efectos de sus propias tonterías, es que el mundo se llena de tontos.

Conclusión: Panamá debe mantener su modelo

Panamá, afortunadamente, no tiene un Banco Central. Panamá ha estado exento en toda su historia republicana, de los episodios de colapsos financieros, hiperinflación y huídas bancarias a las que han estado expuestos prácticamente todos los demás países de América Latina, y muchos países de otras latitudes. Entre las principales razones (aunque se trata de algo multifactorial), está que no tenemos un Prestamista de Última Instancia, ni seguro de depósitos, ni Banco Central. Mantengámoslo así y no tratemos de arreglar lo que no está roto.

Respetemos la propiedad

(Artículo publicado en el Diario La Prensa, 21 de septiembre 2009)

El respeto a la propiedad privada es fundamental para la prosperidad de una nación. Lamentablemente en nuestro país, que tradicionalmente ha respetado la propiedad privada, se están dando políticas que atentan contra nuestra tradición jurídica y debilitan la confianza en el estado de derecho.

En primer lugar, está la doctrina Colamarco, que consiste en que las tierras no tituladas en el país le pertenecen al Estado.

La actual administración llegó al poder habiendo prometido en campaña la titulación masiva y gratuita de las tierras que pertenecen a la gente.

Sin embargo, ahora en el poder, el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) está pidiendo la derogación de la Ley 23 de 2009, que ordena la titulación masiva en islas y zonas costeras. Esta política del actual MEF constituye una ratificación y declaración de continuidad de la doctrina Colamarco.

La doctrina Colamarco está equivocada simplemente porque no es cierto que lo que no está titulado le pertenece automáticamente al Estado. La propiedad y el título son dos cosas distintas. Básicamente, la propiedad es una realidad económica a la que el ordenamiento jurídico da reconocimiento. El título es ese reconocimiento. Nótese que el título no da origen a la propiedad, del mismo modo que la inscripción de un chiquillo en el Registro Civil no da origen a la vida del niño, sino que meramente es el reconocimiento de su existencia civil.

Bueno, la doctrina Colamarco, aplicada a la vida de las personas, implicaría que todo aquel que no está inscrito en el Registro Civil, no tendría derecho a la vida, pues el Estado no le ha dado origen. Absurdo, ¿verdad? Pues así de absurda es la doctrina Colamarco, y sin embargo es la postura oficial de la Dirección Nacional de Catastro y Bienes Patrimoniales del MEF.

La doctrina Colamarco debe ser rechazada por la administración. En materia de tierras, la única política coherente con la prosperidad del país, es el reconocimiento absoluto e inmediato de la propiedad privada, mediante la emisión gratuita de los títulos de propiedad, y sin impuestos punitivos ni cargos que hagan que castiguen la propiedad privada sobre la tierra.

Importante también es facilitar la transacción de la propiedad. No sirve de mucho reconocer un título de propiedad si, a la hora en que el propietario desea vender, se le hace la vida imposible mediante requisitos, costos e impuestos que castigan la transmisibilidad de la propiedad entre los asociados. Hoy día, por ejemplo, el vendedor tiene que pagar el impuesto a la transferencia de bienes inmuebles (2%), y el correspondiente a la ganancia de capital, antes de poder realizar la transacción. En otras palabras, usted no ha cobrado y ya tiene que pagar el impuesto. ¿Cómo hace el ciudadano humilde, que no tiene el efectivo para hacer este adelanto de efectivo al MEF?

Por último, debo señalar el más reciente ataque a la propiedad privada, que lamentablemente procede de la Autoridad de Turismo de Panamá (ATP). La ATP tiene ahora una política en contra de lo que llama “hoteles clandestinos”, que no es más que personas de carne y hueso que alquilan sus viviendas para estadías de corto plazo. La institución incluso hizo circular una Resolución 52 de 2009, mediante la que prohíbe que las personas que tienen una vivienda la alquilen a corto plazo. Dicha medida violenta flagrantemente el sagrado derecho de propiedad, garantizado por la Constitución Política, pues prohíbe que el legítimo dueño de un bien disponga de él y le saque provecho de manera ordenada.

¿Qué daño le hace a la sociedad el propietario que alquila su inmueble para estadías cortas? Absolutamente ninguno. Muy al contrario, le permite generar un ingreso perfectamente lícito, y además satisface la necesidad de alojamiento de otras personas. A la ATP, después de todo, le corresponde promover el turismo en el país, pero si se aplica la Resolución 52, ello devendrá en la protección de los intereses de los hoteleros, en perjuicio directo del turismo en el país. Las familias que en el interior alquilan sus casas para carnavales, por ejemplo, o quienes arriendan sus residencias de playa para fines de semana, quedarán al margen de la ley con esta nueva política. ¿Acaso es eso bueno para el turismo interno?

La ATP, debo reconocer, está discutiendo el tema con representantes de personas interesadas en alquilar sus viviendas para estadías cortas, y ha aplazado la vigencia de la Resolución 52. Ojalá prime el buen sentido y la ATP desista de esta equivocada política.

- Ver artículo original publicado en La Prensa

Costosa Burocracia

(Artículo publicado en Revista Agenda, septiembre de 2009)

El letargo estatal en todo lo que tiene que ver con trámites, licencias, permisos, y demás procedimientos que el ciudadano tiene que hacer ante autoridad pública, es un costo no contabilizado, pero que definitivamente nos cuesta mucho a todos los panameños. Aunque parezca irónico, las llamadas soluciones que muchas veces se proponen, sólo sirven para agravar el problema. En este artículo veremos por qué.

Botellas, garrafones, medio galones, pachitas y demás

El primer problema es que las botellas no se limitan a aquellos que cobran sin asistir a su puesto de trabajo designado. El asunto va más allá de eso. Es que existen muchos nombrados que, aunque sí asisten a diario a su oficina, no hacen realmente nada productivo. ¿Cómo ocurre esto? Simple, en una empresa privada, el dueño está forzado por las circunstancias a contratar a los mejores y a los más eficientes. Y no puede contratar más allá de lo que la productividad de la empresa permite.

Pero en el Estado la cosa es muy diferente. En el Estado, para comenzar, los que nombran no son propietarios que ponen la plata para los salarios de su propio bolsillo. Allí los empleadores pagan con plata ajena, la de usted y la mía. Y por si esto fuera poco, por cada persona adicional que nombran con la plata ajena, reciben lealtad y votos de parte de esos nombrados. Para el que nombra, es un negocio redondo, todo beneficios y cero costos. Para los contribuyentes, es pérdida por donde lo vea.

Esto es lo que explica que en el Estado se derroche en posiciones que son extremadamente innecesarias. Por ejemplo, en este país en todo Ministerio uno ve que el Ministro tiene conductor, así como tienen conductor asignado varios funcionarios con rango de Director. Usted no ve semejante cosa en la empresa privada, donde hasta el Presidente de la compañía conduce su propio auto.

La culpa no es sólo de los políticos

Sí, ya casi lo escucho a usted, amigo lector, diciendo “la culpa entonces es de los políticos.” Pero me tomo el atrevimiento de sacudirlo. Usted y yo, como ciudadanos, somos tanto o más culpables que los políticos que hacen esto. ¿Por qué digo esto? Porque los panameños, cada vez que hay un problema, tendemos a decir “que el Gobierno haga algo”. Para mí, es incomprensible cómo continuamos clamando porque el Gobierno siempre resuelva los problemas, cuando sabemos, pues hasta chistes contamos sobre esto, que el Gobierno sólo empeora las cosas.

Si no es así, le pido que piense un rato y trate de evocar tan sólo un asunto en que el Estado se meta y lo haga bien. El transporte colectivo es un desastre en la ciudad capital precisamente desde que en la década de 1970 se intervino y se eliminó el sistema privado que funcionaba bien. El antisistema de los diablos rojos, es un monstruo creado por el Estado con la excusa del interés social.

Y la lista es prácticamente interminable: seguridad social, hospitales públicos, escuelas públicas, malos servicios públicos, y pésima atención al contribuyente en todos lados a donde uno vaya. Así que por favor, amigo lector, la próxima vez que analicemos un problema de nuestra sociedad, no salgamos al paso exigiendo que el Estado se meta a ‘solucionarlo’. Porque es entonces que la cosa se pone insoportable.

El consejo de sabios

La idea de que existe un grupo de personas que puede resolver los problemas de la sociedad ampliada, si tan sólo nombramos a ‘los mejores’, es un verdadero placebo. No existe tal cosa. En la práctica, lo único que logramos con crear cada vez más instituciones, direcciones, departamentos y unidades estatales con funciones inventadas, es crear una cada vez más hipertrofiada planilla estatal que a todos los contribuyentes nos cuesta demasiado. Y nos cuesta no sólo en dinero, sino en pésima atención y servicio.

La solución real

La única solución verdadera es que los ciudadanos recuperemos nuestra libertad quitándole poder a los burócratas. No más instituciones autónomas para realizar funciones inventadas. Lo que requerimos es que el Estado se concentre en aquellas funciones que sí le corresponden, como policía y administración de justicia, que ha dejado cada vez más desatendida precisamente por pretender dedicarse a miles de cosas que no le corresponden.

Minería verde

(Artículo publicado en Revista Agenda, agosto de 2009)

La minería tiene históricamente un prontuario que hace que las personas la asocien casi de forma automática con degradación ambiental severa. Esta percepción tiene sustento en la realidad, ya que existen serios peligros relacionados con la minería en general. No obstante, la creciente conciencia ambiental de hace décadas, especialmente en países desarrollados y con altos estándares de control ambiental, han ido forzando el mejoramiento continuo de los métodos de extracción y de los mecanismos de mitigación para minimizar el impacto ambiental de la explotación minera.

Hace poco una amiga me decía que era necesario prohibir la explotación minera de metales (oro, plata, cobre, hierro, etc.), ya que este tipo de explotación genera mucho impacto ambiental negativo. Acto seguido, le pregunté a esta persona si estaría de acuerdo en que dicha prohibición fuera general y absoluta. Me dijo que sí, a lo que inmediatamente le dije que entonces debía quitarse todas las prendas de plata, oro y fantasía que llevaba encima. Además, le dije, debía renunciar a usar o a beneficiarse de cualquier modo de la electricidad, imposible sin el cobre u otros metales conductores, y a renunciar para siempre al transporte mediante vehículos automotores. En fin, si vas a oponerte de modo absoluto, más vale que seas consistente y no uses metales en modalidad alguna.

Por supuesto, mi amiga no está dispuesta a hacer eso. Ni lo está la enorme mayoría de las personas que vivimos en la sociedad moderna y queremos continuar disfrutando sus beneficios. Lo que sí queremos y debemos cuidar, es que la minería se dé en formas que minimicen cualquier impacto ambiental negativo, y que por tanto genere más beneficios que perjuicios sociales y ambientales. ¿Es ello posible?

¡Claro que sí! Canadá y Estados Unidos, dos países con altísimos estándares de control ambiental, siguen siendo países con mucha minería. Canadá es uno de los países donde más oro se produce, y también es un importante productor y exportador de diamantes. En estos países las regulaciones ambientales aplicables a la minería, tanto metálica como no metálica, es rigurosa, mucho más rigurosa que en nuestro país.

Por ejemplo, debe exigirse a toda compañía que va a explotar un yacimiento, que establezca los controles necesarios para evitar que los químicos peligrosos para la vida y salud humana, animal y vegetal, se filtre a las corrientes subterráneas y termine perjudicando a las poblaciones cercanas y la economía local. Entre las exigencias en este sentido, debe estar la contratación de pólizas de seguro de responsabilidad civil, que expresamente contemplen los siniestros relacionados con descargas accidentales de sustancias químicas y demás peligros ambientales asociados a la actividad. Las pólizas de seguro deben ser suficientes tanto en cobertura de riesgos, como en los montos cubiertos, en atención al tipo de explotación minera de que se trate, así como a la magnitud de la inversión y de la explotación.

Por último, al finalizar la explotación mineral, debe exigirse a la compañía minera la rehabilitación de toda el área afectada, especialmente si se trata de explotación a cielo abierto, la cual aunque es la más eficiente manera de hacer minería, también destruye paisajes y deja unos muy feos huecos desbrozados de tierra. La obligación debe consistir en remover tierra para rellenar los fosos y luego reforestar sobre dicha superficie. Esta obligación debe ser garantizada mediante una fianza suficiente, de tal manera que si la compañía incumple, el Estado se cobra la fianza y con esos dineros contrata la rehabilitación del lugar. Así se evita el tener que andar tras una compañía que ya terminó su explotación y a la que por tanto pudiera no interesarle cumplir con la obligación de rehabilitar el lugar, pues si incumple, será la aseguradora emisora de la fianza quien pagará. Entonces la propia compañía aseguradora velará por el cumplimiento de esta exigencia.

Con estos mecanismos se logra controlar, que no eliminar del todo (algo imposible de hacer), las llamadas externalidades negativas propias de la actividad minera. Se asegura que los beneficios que genere la explotación de un yacimiento mineral, no será a expensas del medio ambiente ni de la economía agrícola y ganadera de la región, ni perjudicará a las poblaciones humanas aledañas.

Nada de lo antes mencionado es imaginación. Todo esto, y más, existe desde hace décadas como parte de las regulaciones para la minería en países desarrollados como los Estados Unidos, Canadá y países europeos. Y ha existido por suficiente tiempo, de modo que ya se ha dado los casos de explotaciones concluidas que han sido rehabilidadas con éxito. Si esto puede hacerse en otros países, bien puede aplicarse en Panamá.

La función de las marcas

(Artículo publicado en Revista Agenda, julio de 2009)

Las marcas comerciales (‘trademark’) cumplen una función social muy importante. Transmiten información valiosa a los consumidores sobre la calidad, contenido, y otras cualidades relevantes de determinado producto o servicio.

Esencialmente, la marca permite al empresario construir buena voluntad (‘goodwill’) y una reputación alrededor de su empresa y sus productos o servicios, de la misma manera que las personas pueden construir una reputación sobre su honorabilidad, buen crédito, responsabilidad, profesionalismo, etc. Así como, por ejemplo, un abogado se construye una reputación que acumula con su actuar diario, pues del mismo modo la marca comercial permite al empresario hacer lo mismo con su empresa y con sus los bienes y servicios que ofrece al público.

Las marcas son propiedad privada

La marca comercial y su reconocimiento jurídico permite que el dueño de la marca invierta capital en ella, que de otra manera no invertiría. En el comercio y demás actividades empresariales, una de las más importantes tareas que competen al empresario es la de comunicar a sus potenciales clientes, sobre los bienes y servicios que ofrece y las distintas cualidades que éstos poseen. Esto es lo que conocemos como publicidad. ¿Cuántos comerciales de televisión ha visto usted en que se muestren las ventajas genéricas del arroz, o de los neumáticos de autos, por ejemplo? No muchos, por no decir que ninguno. En cambio, usted seguramente ha visto muchísimos anuncios en que se publicita las características y ventajas de determinada marca de arroz o de neumáticos de autos.

Pero no es sólo asunto de anuncios publicitarios. La importancia de las marcas es tal, que sin esa apropiación de buena voluntad que ellas permiten, los bienes y servicios que encontramos en el mercado jamás tendrían la calidad y características innovadoras que muchas veces tienen. Esto se debe al fenómeno que los economistas conocen como La Tragedia de los Comunes, que no es más que el hecho que nadie invierte recursos valiosos en actividad alguna, si no tiene razonable certeza de que tendrá derecho exclusivo al aprovechamiento de los beneficios que deriven de dicha inversión. La misma persona que gasta miles de dólares en embellecer su casa, no gastaría ni unos pocos dólares en embellecer la vía pública.

Pues del mismo modo, ningún empresario invertiría millones de dólares en mejorar sus productos mediante la innovación tecnológica, ni en diferenciarlos del resto de los similares ofrecidos en el mercado mediante un mayor control de calidad, si no pudiera de alguna manera lograr que esa mayor calidad y esa garantía de innovación, sean asociados de manera exclusiva con sus productos y servicios. Por ejemplo, Steve Jobs y su empresa Apple Computers, jamás invertirían los miles de millones de dólares que invierten continuamente en innovación tecnológica para ofrecer cada vez mejores productos computacionales, si no fuera porque existe el régimen jurídico de marcas que les permite apropiar, es decir, aprovechar en régimen de exclusividad, los beneficios asociados al buen nombre de la conocida marca de la manzana.

Más que mero consumismo

Algunos oponentes radicales de las marcas comerciales han identificado a éstas con una supuesta banalidad de parte de los consumidores. Es la concepción de la persona que sólo compra una prenda de vestir de una marca determinada, para lucirla y ufanarse de que puede pagar dicha marca. Es decir, esta concepción se mofa del uso de las marcas como mero comunicador de status social.

Pero está claro que las marcas son mucho más que eso, como hemos visto antes. Es una manera efectiva de apropiar el goodwill asociado a un producto o servicio, o a una línea de productos o servicios. Sólo si hay forma de apropiación de ese goodwill o buena voluntad, la empresa invertirá sustanciales recursos en mejorar ese goodwill o buena voluntad, a través del ofrecimiento de cada vez mejores productos y servicios bajo la marca comercial en cuestión.

Un mundo sin marcas comerciales: feo

Un ejemplo de mundo sin marcas es el del transporte colectivo y de los taxis en la ciudad capital. Como no existen marcas reconocidas en dicho mercado, a pesar que los operadores son todos privados, el usuario no tiene mecanismo eficiente de saber de antemano qué buses están en mejor condición física que otros. Y ningún Diablo Rojo ofrece servicios de valor agregado que los diferencie del resto. El resultado es el que todos vemos a diario: un pésimo servicio, sin diferenciación competitiva que tienda a un mejoramiento continuo de lo que se ofrece.

En un sistema de transporte urbano donde existiesen los distintos proveedores del servicio pudiesen ser identificados mediante sus respectivas marcas, todo proveedor se aseguraría que sus autobuses se encuentren en el mejor estado mecánico posible, y se aseguraría también de contratar a buenos conductores y dotarlos de buen entrenamiento no sólo en manejo, sino además en trato al público. La razón es sencilla: ningún dueño de autobuses quisiera entonces ser asociado en las mentes de las personas, a connotaciones negativas como que sus autobuses son trampas de muerte, o que cuando uno de sus autobuses colisiona y causa daños a otros, se da a la fuga y no hace frente a su responsabilidad. Cualquiera de esas conductas en un sector reinado por las marcas, garantizaría el fracaso económico a quien las practicara.

O imagínese que usted tiene que comprar jabón de lavar, pero no tiene forma de saber cuál es bueno y cuál es malo. Sin marcas, ¿cree usted que cualquier fabricante de jabones invertiría mucho capital en tratar de mejorar su producto sobre los demás, si no pudiera apropiarse la buena voluntad asociada a su producto? Aún si hubiese un fabricante de jabón que lo hiciera, no habria manera en que usted pudiera identificar cuál es ese jabón de mejor calidad. Y por otro lado, no tendría forma efectiva de evitar comprar los jabones de mala calidad que le han traído perjuicios en el pasado. Cada vez que fuese usted a comprar jabón, estaría en efecto tirando una moneda al aire.

Conclusión

Por todo lo anterior, resulta evidente que una economía de mercado requiere un adecuado sistema de registro y protección de la propiedad marcaria. El mundo sin marcas es el mundo sin reputaciones, uno en el que la absoluta mediocridad es no sólo la norma, sino que es universal e inescapable, y nadie tiene incentivo a mejorar lo que ofrece, dado que no puede diferenciarse del resto. Así, las marcas comerciales constituyen una más de las tantas maravillas que el sistema de propiedad privada ofrece a la sociedad, gracias al cual los empresarios se empeñan en mejorar continuamente lo que ofrecen.

Autogolpe en Honduras

En Honduras, el Presidente Manuel Zelaya intentaba subvertir el orden constitucional, pero la institucionalidad fue preservada por valientes hombres que se negaron a permitirle a Zelaya constituirse en tirano.

Zelaya pretendía violentar la Constitución haciendo un referéndum sobre la posible convocación en noviembre a una Asamblea Constituyente para reformar la Constitución, de tal manera de permitir su reelección. Pero la Constitución hondureña no sólo prohíbe la reelección del Presidente sino que además sanciona con la pérdida del cargo para quien proponga la eliminación de dicha prohibición (el Artículo 239). Así las cosas, el tal referéndum era ilegal desde su concepción, y ello lo hizo saber el Tribunal Supremo Electoral al Presidente Zelaya. Entonces Zelaya decidió proseguir de todos modos, y por eso llamó al ejercicio 'encuesta' y no referéndum, y pretendía llevarlo a cabo con el Instituto Nacional de Estadísticas (controlado por el Ejecutivo), entidad a la que claramente no le corresponde una consulta popular como ésta. Pretendía además hacerlo de tal manera que las fuerzas armadas colaboraran en el ejercicio, y cuando el jefe de las Fuerzas Armadas conjuntas Romeo Vásquez Velásquez se negó a cooperar, por tratarse de un acto inconstitucional, el Presidente Zelaya decidió destituirlo. El Ministro de Defensa, Edmundo Orellana, renunció en protesta, y así lo hicieron también los jefes de las tres ramas militares, Naval, Aérea y Ejército.

Entonces, Vásquez recurrió contra la decisión ante la Corte Suprema de Justicia y ésta resolvió de forma unánime (5-0) declarar nula la destitución y por tanto restituir a Vásquez.

El Presidente Zelaya decidió proseguir de todas maneras, contra la orden de los organismos de justicia competentes. La llamada 'encuesta' tendría lugar el pasado domingo 28 de junio. Ante este evidente rompimiento del orden constitucional de parte de Zelaya, el Fiscal General Luis Rubí ordenó a las fiscalías bajo su mando, a acudir ese día a los centros de votación ilegales para tomar evidencia del delito. Así se hizo y paralelamente las F.F.A.A. fueron ordenadas por la propia Corte Suprema de Justicia, a detener al Presidente. Esto se hizo y en efecto el Presidente fue detenido y puesto en un avión hacia San José, Costa Rica.

En una República gobierna la Constitución y la Ley, no los hombres. Ningún hombre, ni siquiera el Presidente en funciones, está por encima de la Constitución y las leyes. Cualquier acto de insubordinación contra el orden constitucional establecido, es en sí un golpe de estado. En este caso, es harto claro que ha sido el Presidente Manuel Zelaya quien intentó violentar el orden constitucional.

Ante esto, ¿qué debían hacer las demás autoridades del país (Órgano Judicial, Ministerio Público, Tribunal Supremo Electoral y F.F.A.A.)? ¿Debían quedarse de brazos cruzados viendo cómo el Presidente violentaba la Constitución? ¿No es acaso el deber de todo ciudadano (y con mayor razón, la de los ciudadanos investidos con funciones de guarda de la Constitución y las leyes), el usar los medios que estén a su alcance para proteger la Constitución y las Leyes?
A mi modo de ver, la Corte Suprema de Justicia, el Tribunal Supremo Electoral, la Fiscalía General y los demás fiscales bajo su mando, al igual que las F.F.A.A. hondureñas, han actuado cívicamente para proteger la Constitución el domingo pasado. Actuaron con valentía para proteger a su República del intento golpista de su Presidente Manuel Zelaya.

Sin embargo, veo con tristeza cómo todos los gobiernos del mundo corren a condenar dichas actuaciones, y en cambio a respaldar al golpista Zelaya. Y se nota el contraste con el trato dado a la dictadura cubana, que acaba de ser restituida a la Organización de Estados Americanos (OEA), misma organización que ahora condena la remoción del Presidente Zelaya.

En América Latina tenemos una larga tradición de gobernantes que pretenden perpetuarse en el poder mediante maniobras de toda clase. Los hondureños se hartaron de esto hace décadas, y por eso contemplaron en su Constitución de 1982 la cláusula que prohíbe la reelección presidencial y que además sanciona con la remoción inmediata del cargo a quien ose proponer siquiera la reforma de dicha cláusula. Aún estamos a tiempo para recapacitar, pues lo que debe defenderse es el mantenimiento del Estado de Derecho, y no al usurpador.
--------

Vea este artículo en sus versiones publicadas en: