El ecologismo radical

(Publicado en Revista Agenda, diciembre de 2007)

Hay ambientalistas de todos los tintes. Están por un lado los que se preocupan de mantener un equilibrio entre las necesidades económicas humanas y un medio ambiente sano. Éstos no se oponen al desarrollo, sino que buscan que éste se dé con ciertas consideraciones para minimizar el impacto negativo sobre los ecosistemas. Pero también están, por otro lado, los ambientalistas radicales que se oponen a todo desarrollo. Es a este ambientalismo radical, anticapitalista, antitecnológico, al que me refiero en este artículo. Y sostengo que es, además, antihumano y anticivilización.

Anti-tecnología

La campaña de desprestigio que mantiene el movimiento ambientalista radical contra la energía eléctrica y el uso de combustibles fósiles, es quizás el ejemplo más conspicuo de la tendencia a despreciar las maravillas tecnológicas modernas que hacen nuestras vidas más cómodas.

Anti-capitalista

Como lo expone Patrick Moore, miembro fundador del movimiento Greenpeace, “uno de los eventos que causaron el desplazamiento a la izquierda del movimiento ambientalista fue la caída del Muro de Berlín. Repentinamente, el movimiento pacifista internacional tenía mucho menos que hacer. Los grupos prosoviétivos en Occidente quedaron desacreditados. Muchos de sus miembros se unieron al movimiento ambientalista trayendo consigo su eco-Marxismo.”

Un ejemplo del patio lo tenemos en la oposición a que se construya un teleférico al Cerro Ancón. Se trata de un proyecto que no requiere alterar sustancialmente el estado ambiental del Cerro Ancón. Sería una atracción turística de primera, que permitiría apreciar una importante parte de la ciudad y áreas del Canal, similar al “Ojo de Londres”.

¿Por qué oponerse al teleférico? He escuchado argumentos tipo “no hay que comercializar lo que es de todos los panameños”. Caramba, siguiendo dicha idea, pues tampoco permitamos hoteles en áreas de playa, pues éstas son de todos los panameños también. Absurdo. Bueno, ahora que lo pienso, de hecho están oponiéndose a muchos proyectos turísticos en el país. Se requiere una extraña inversión de prioridades para pretender que la conservación absoluta de las cosas tal como están es preferible a que se generen fuentes de oportunidades para los panameños.

Anti-humano

Pone a la Naturaleza por encima de las necesidades humanas. Habla de la necesidad de controlar la “superpoblación” humana del planeta. Sostiene que es el crecimiento poblacional una de las principales amenazas al planeta.

Pero el problema no es la población humana, sino los marcos legales y económicos dentro de los cuales se da la explotación de los recursos por el Hombre. Allí donde hay propiedad privada, se observa que los recursos tienden a ser bien cuidados y dotados, lo cual asegura su sostenibilidad. Y en los casos que lo ameritan, regulaciones racionales pueden garantizar que la satisfacción de las necesidades humanas se haga asegurando un desarrollo sostenible.

El antihumanismo del ecologismo radical se ve también en la campaña contra el uso del DDT para combatir al vector transmisor de la malaria y otras enfermedades transmitidas por picadura de mosquitos. Esta campaña contra el DDT, iniciada en la década de 1960, dio sus frutos: el DDT fue prohibido en muchos países y dejado de utilizar en casi todo el mundo. El resultado fue el resurgimiento de la malaria, una enfermedad que estaba casi erradicada para la década de 1960, pero que posterior al desuso del DDT regresó para matar millones de personas en el Tercer Mundo. Afortunadamente, el año 2006 la Organización Mundial de la Salud (OMS) revocó la política de recomendar contra el uso del DDT, y volvió a endosarlo. ¿La reacción de los ecoextremistas? Atacar la decisión de la OMS porque supuestamente el DDT es dañino para las aves (algo que en 40 años después que Rachel Carson hizo la afirmación, aún no ha sido demostrado).

Algo anda decididamente torcido con una ideología que aboga suprimir el uso de un químico, alegando un supuesto pero improbable daño ambiental, sabiendo que dicha supresión resultaría en que millones de personas en el mundo continúen muriendo a causa de la malaria y otras enfermedades transmitidas por insectos.

Anti-civilización

Nuevamente cito a Patrick Moore: “en esencia, el ecoextremismo rechaza virtualmente todo lo relacionado con la vida moderna. Nos dicen que nada que se quede corto de que todos retornemos a una vida tribal primitiva puede salvar a la Tierra del colapso ecológico. No más ciudades, no más aviones, no más polyester. Es una visión ingenua de un retorno al Jardín de Edén.”

El ecoextremismo idealiza el estilo de vida tribal, cuando nos pinta cual modelos a emular, a las tribus primitivas indígenas de América y África. Lo que no dicen es que el estándar de vida de las personas en esas sociedades es extremadamente pobre, su mortandad infantil es altísima y la expectativa de vida sumamente corta, comparada con la de quienes llevamos un estilo de vida de ciudad.


Conclusión

Una civilización no puede prosperar por mucho tiempo si no toma medidas para mitigar el impacto negativo de las actividades humanas. Pero oponerse a todo desarrollo, a toda actividad que tenga impacto sobre el medio ambiente, pretendiendo congelar a la Humanidad, corresponde a una visión extremista que no tiene nada de loable.